Arica – Chile 02/02/26
“Honda tristeza en la vasta extensión, huellas indelebles, invisibles voces, venas y velos de copal, viajes interminables, historias imposibles y vientos que tejen elevados anhelos. Mezquina lluvia, laxa avenida, hilos y llagas que la soledad hilvana, tablas quebradas, torcidos alambres, y un letrero oxidado que advierte que es terreno vedado. Médanos entrelazados, tumbas olvidadas, llantos y temores que el tiempo transcribe, trazos en tinta o cinabrio, textos en indeleble cursiva, y un vislumbre a otra existencia. Entre hondas quebradas y elevadas alturas, existe y subsiste la esquiva Tocopilla. Muelle taciturno, leves farolas, cal y canto en el yerto salitre, hiel y brea en las lejanas fábricas, voluntades extraviadas, tinieblas intangibles, y una multitud que anhela tiempos mejores.
Hosco hombre, tez lívida, barba espesa y cana, torcidos labios, torva mirada, ocre boina, traje viejo y ajado, lentes de carey, bolso de cuero, paso firme y cansino; que las hondas tinieblas ocultan y vigilan. Hostil fachada, ventanas obstruidas, techo hundido; antepatio en eterno caos, atestado de trastos e inmundicias, enredaderas y telarañas que atrapan quejidos y exilios, y voces que son ecos. Tras oxidada y lúgubre puerta, otras tierras existen y subsisten. Mesa en caoba y lavanda, larga y vieja, atestada de libros, velas, artefactos, hojarasca y una que otra reliquia. Muchas estatuas y cuadros de vetustas e inexorables inteligencias: Moloc, Furces, Belfegor, Paimon, Adramelec, etc. Espejos ve(l/d)ados, telarañas que el viento inquieta, esquinas imposibles, y voces que las tinieblas trazan.
El Fatuo, linaje de Fausto, hosco hombre, extiende sobre el inmundo y mohoso suelo una cantidad importante de quebrantos y baratijas: viejas hebillas, huesos quebrados, corvos mellados, casquillos oxidados, estandartes deshilachados, quejidos y llantos tejidos en salitre, venas y vetas abiertas, tela quemada, victorias y anhelos en copal, y una que otra hoja o letra envuelta. El Fatuo, voz quemada, luz extinta, trazo indeleble, vil existencia, se explica y extiende sobre los quebrantos y baratijas.
– Huestes extintas: sed la luz que traiciona, la voz que hiere, la tortura que lacera, la voluntad que no ceja, la venganza que perdura, la hiel que conjura, la historia que envilece, la tierra que corrompe, el sendero que extravía, y la jornada que evade todas las sentencias y juicios… Escuchad, y cumplid mi Mandato.
Muy lejos, en otras tierras y elevaciones, viento liviano, vastas huestes e inexorables tribus van, tranquilas y obedientes, excelsas y limitadas, a cumplir la nefasta tarea. Macondo/Comala que existe en los entresijos del torvo Tiempo.”
“Hoja tras hoja, extraño aliento, huella torcida, hiel que licúa, tul que es llama y llanto que es invocación. Ajenjo en la entretejida trama, abrojos en cada página, leve absenta en la honda historia, tul invisible y estela que ahoga. Mella en tinta y ocultas tinieblas, en el texto que explica lo que existe lejos: tierras vedadas y horizontes inversos que limita Ars Goetia. El incrédulo estudiante observa fijamente el libro.
– ¿Existen en realidad?
– Hijo, si no existen… haz que existan.”
En la levedad que el viento traza, la historia en versos se redacta:
«Que nadie perturbe tu sueño,
que nadie tuerza tu senda
que nadie corrompa tu alma,
que ninguna tierra te envenene,
que ninguna fe te extravíe,
que ningún Fatuo intervenga:
¡que sólo la Luz te envuelva!»
“Misión en la hora oculta, en honda quebrada, en el hito trazado, en la tétrica avenida, bajo exangües farolas, lejos de Tocopilla y en ella. Mejillones y Pisagua atados a un tiempo alterno, a otra coexistencia, a otro mundo y a otra leyenda.
No todos vuelven a vosotros. Muchos hollarán el extravío. Yggdrasil evade la corrupta hiel y el tóxico cinabrio.”
Sin más deciros, los H.









