Sitio señalado para expresar la voz de los Señores Antiguos, cuya sede se encuentra en Arica-Chile.

martes, 6 de enero de 2026

Mala’ikah p. VIII

Arica – Chile                                                                                                                                                              04/01/26

Media tarde, velos y vahos, leve viento, tortuoso y extenso litoral, inquietos chercanes y hoscos cernícalos, libélulas y abejas en eterno idilio, hiel en la honda savia, vetas y venas de hojarasca y copal, fosas y lápidas entretejidas, ocultas oquedades y extrañas fogatas. Mengua la luz, y otros anhelos trazan las tinieblas. Huilliche en la luz que viene, voz en la tierra inversa, tinta de Echos olvidados, halo que inquieta y velo que oculta elevados heraldos (H).

El Huilliche, honda aflicción, trazo invisible, hilo oculto, voz tranquila, hiel y lodo, telúrico atisbo, insondable vertiente, convulso viento, ocre hifa, calcopirita obstinada, extracto leve de Echos olvidados; extenso en Lemuy, evidente en los equinoccios y solsticios, incansable alfarero y elevado tejedor, evade las tierras invadidas y los lejanos litorales, turbio y expectante. Huilliche, feldespato intransigente, custodio de los ocultos hi(a)tos, inquietud que no termina, velamen de una etnia casi extinta, honda huesa que excluye el olvido, leve existencia que Lemuy extrema. Medianoche en el extenso litoral, velo de novia, estela entretejida, tapete de conchas y algas, halo incompleto, vértice y sesgo; y elevadas y excelsas fogatas, envueltas en vaho y canelo.

El Huilliche, lejano linaje, invoca la llegada de los Heraldos. Detif: testigo silente, trazo en la compleja obsidiana, luz queda, eventos y tragedias, leyendas e historias, inquieto y quebrado litoral, vetas y venas que subliman brea y alabastro, y vientos que tuercen extraviadas avenidas; 2000 yardas de altura, ocelos de junco y abenuz, tul de exilio y estrellas, heraldo que Detif conjura. Ichuac: testigo silente, tinte y trazo, luz que ciega, viento de amapola, opio y cinabrio, letanías tenues, elevada altura, ocelos de ópalo y amatista, vestimenta hecha de caoba y copal; extenso como tempestad y leve como invisible lluvia. Medita en la convulsa tierra que sustenta Aldachildo. Luz que elude incautos y extraviados, telúrico llamado, ocelos de crisocola y jade, envuelto en absenta, que urde travesías y huidas. El Huilliche, examina la noche, y luego exclama:

– ¡Despertad! Elevaos, porque el tiempo es ahora. La Heredad Malsana ya transita las infinitas sendas. ¡Enceguecedlos!

El Mestizo, veta atávica, elevada etnia, tez oscura, bonete huicano y tupido poncho, holla la inhóspita y tenue avenida. No hay extrañas fogatas, y tampoco invocaciones torcidas, ya que ahora los Heraldos existen y laten en el interior de las templos chilotes.

¡Despertad! Elevaos, porque el tiempo es ahora. Fatuos, heredad de Fausto, ya transitan las infinitas sendas. ¡Enceguecedlos!”

– Decidme: ¿qué traman los Heraldos?

– Blowin' in the Wind, y solo es.

Vuelven y vuelven, y ocultos existen en los trazos y cursivas de otros escritos.

Muchas lides en las otras tierras, corceles de fuego y amatista, ballestas y lanzas de luz quebrada, tropas de cinabrio, obsidiana y jade. Firmamento de inclemente ocre, tóxicos alientos, credos en el exilio, infinitas vías y vastos entramados. Muy lejos, en el envés silencioso, los elevados Ophanim, leves, contemplan.

Memorias de otra tierra también se explayan. Nefilim en los altos vientos, en las vertientes temblorosas, en los hondas oquedades. Mirada absoluta, extrema altura, voz que estremece, tez de obsidiana o feldespato, malsanos o benevolentes. Misterio telúrico, éxodo evidente, inquietud en la soledad extrema y soterradas leyendas.

– Muchas lides y contiendas, y todavía el caos existe.

Sin más deciros, los H.

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