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lunes, 24 de febrero de 2025

In Extremis p. IX

Arica – Chile                                                                                                                                                              23/02/25

Niebla en la extensa tierra, honda quebrada, inquieto tumulto, extravío y tristeza, quejido e inherente cinabrio, levedad en la mortaja, quedo vaivén, anhelos quebrados, torcido y avieso jifero. Entre elevadas quebradas, ocres valles, inciertos estratos, yace, exangüe e inerte, el oxidado Goliat. Hiel en la oculta estación, inconclusas estelas, invisible vertiente, inextinguible llanto, hiato en el hito, eterno éxtasis, tiempo quebrado, travesía alterna, alwes atrapadas en brea y copal, y volantes que explican las obras de la Unidad Popular. Nergal desatado, turbio basilisco, trazos de hojarasca y miel, brecha en la quebrada, vidas y anhelos en eterno exilio, telaraña o tejido que contiene o atrapa, y lejos, en atávica historia, Yggdrasil, lento, agoniza. Micelio que trasciende, vetas y venas en la tenue tarde, herido y maltrecho tren, e hifas que corroen alwes. En la clepsidra intacta, en el tiempo caduco, 1971 jamás se olvida. Tul y luto en la triste tierra, beleño y ajenjo en la tenue vertiente, cal y asbesto en el irascible viento.

– Muchos muertos en el accidente ferroviario.

– Perdí un hijo y una sobrina. Fatal tragedia que enlutó a muchos.

– Tengo la absoluta certeza de que mi hijo vive. Existe, y todas las noches me visita.

– Fantasmas que transitan, silenciosos, la inundada y tenebrosa estación.

Noble tul, cloroformo intenso, incorrupta lejía, intangible temor, voces quedas, tóxico moho, torcidas curetas y cinabrio en alcohol. No ventanas, oculta entrada, exigua higiene, libre intención, quejumbrosa camilla, escaleras torcidas e inestables peldaños, extravío y tristeza en la inexistente losa, trazos y heridas en la brutal extinción. Medea tosca, infecunda tierra, vetas y venas abiertas, queda melancolía y extensa tristeza. Mirada que es olvido y voz que es inconstante viento. Mentira que a Medea tuerce y a Ofelia invoca. Mil huellas que hollan la quieta e intangible tierra.

Muchacha que transita tierras inconclusas, caducos tiempos e invisibles avenidas. M. C. Escher en la honda tinta y en la tenue estela. Medea contrita que traza olvidos y elevados eventos.

Mira la vasta extensión, y exclama: «Medea ha muerto, solo existe Marina.»”

Marina en el tiempo exacto, luz que es flama, infinita y elevada, hija leal del incognoscible y excelso Ashur, que existe en la inquieta Paihuano. Madre de todos los olvidados, extraviados y extintos.

– Rescatad a los olvidados. Juntad a los extraviados. Resucitad a los Lázaros de antaño.

Marina cobija el endeble e impoluto cigoto. Existe en todas las tierras, en todos los tiempos y en todas las verdades. Llamadla, ya que es hondo anhelo y elevada travesía.

– … y si me quieres encontrar, búscame – cantan Sergio y Estíbaliz.

Ocultad la semilla bajo el torcido Yggdrasil, bajo la luz quebrada que exhibe el plenilunio de cinabrio. No es el fin de la travesía, ya que el tiempo teje otros eventos. Muchos Yggdrasil en la tosca tierra invocan la quieta semilla.

Sin más deciros, J 25 A.

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