Sitio señalado para expresar la voz de los Señores Antiguos, cuya sede se encuentra en Arica-Chile.

martes, 24 de enero de 2017

Memorias p. V

Arica – Chile                                                                                                                                                              16/10/15

Atardece. Firmamento extenso, trinos vacíos, leve y sinuoso sendero, lejos la arboleda silenciosa y antiquísima.

Es el momento preciso. Es el tiempo señalado. Se precisa su venida. Se anhela su ayuda. Tiempo triste y solitario. 1925 que surca las solitarias letanías. Tiempo para expresar u olvidar algo. Tiempo para exigir o evidenciar algo.

Septiembre, 1925. La mujer aguarda lejos un momento y un anhelo. Espera silenciosa bajo una sombra tortuosa, respira lento el perfume de las retamas. Insiste en estar alerta. Insiste en repasar una y otra vez las charlas antiguas. Tiene absoluta certeza que la verdad, los elevados anhelos y la solidaridad su vida señalan.

Es la hora. Es el justo momento. Requiere una señal, un texto antiguo, una voz entrecortada, una letanía gastada y algo más para invocar la venida de los que tanto anhela.

Espera que la humanidad se recupere de sus heridas. Implora ayuda, quizá justicia, tal vez salvación. Insiste una y otra vez al igual que sus hermanas la expresión de los que tanto anhela.

Una vez leyó en un antiguo libro Teosófico que existen Elevados Señores que vigilan y supervisan esta limitada existencia. Señores que trazan elevadas verdades y que ayudan a la humanidad necesitada.

También leyó que ellos se hacen presentes si se invocan sin malos anhelos. Es más factible que acudan al llamado en sitios en los cuales líneas vitales se interceptan, planos se eclipsan o almas confluyen.

Una sombra se extiende, el viento se extravía lejos de la arboleda, algo precipita. Algo se extiende, algo que es una voz y un quejido.

Luces y sombras que desgarran el atardecer. Señores que vuelven quizá, que se olvidan tal vez, que se expresan porque los anhelos son sinceros.

Un anhelo os invoca. Una o varias voces requieren vuestra asistencia. Una vetusta mansión anhela vuestro regreso. En el ayer se expresa lo que a vosotros inquieta.

Tiempo atrás alguien solicitó vuestra ayuda. Una mujer develó vuestro sendero tras exhaustivas investigaciones. Mujer que anhela en el ayer para salvar su presente.

Os invocó tiempo atrás, utilizando algunos trazos o libros antiguos. Anheló una y otra vez vuestra expresión. Os aprisionó en el ayer para gestar las venideras verdades.

Pero jamás supo la extensa verdad. Murió en la mentira mas no extraviada. Pensó que anhelaba a los Señores Antiguos, a Maestros de Ordenes extintas, a Trazos de antiguas humanidades. Permaneció lejana a todo, recluida hasta su muerte en una solitaria mansión, anhelando el regreso de los Elevados Iluminados.

Aunque estaba extraviada, trazó valores y senderos en Tierras y Tiempos verdaderos. Vitalizó sitios antiguos, auxilió a personas abandonadas, visitó axis extraviados, redactó memorias elevadas.

Aún os anhela. Todavía requiere vuestra ayuda. Id al ayer para que se proyecten otros presentes.

Id al ayer para que concluya una travesía. 1925 os anhela ahora y ayer, pero por sobretodo mañana.

Id al ayer para surcar un sendero que existe lejos de la arboleda. Buscad un sitio en el cual confluyan Tiempos y Tierras para expresar lo que tanto se anhela.

Extendeos lejos para evidenciar otro ayer. Expresad vuestras memorias. Restableced un lazo. Sumergíos en ilusorias formas. Quizá un monje penitente, tal vez una luz penetrante, a lo mejor trazos y retazos de memorias ancestrales.

El sitio pronto será limitado. Indagad en los mensajes y mucho descubriréis.

Sin más deciros, J 25 A.


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