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viernes, 1 de mayo de 2026

Werkén p. III

Arica – Chile                                                                                                                                                              25/04/26

Huella quebrada, tinta indeleble, vasto y torcido horizonte, vetas y venas en cinabrio, ocre y copal; tul invisible, laxas acacias, leve equinoccio, invocaciones y advocaciones, telas e hifas entretejidas, intrincada llanura, quedo tiempo, tinieblas eternas e interminables honduras. Hálitos que hollan toscas avenidas, templos imbricados, torcidos quicios, ocultas tupas, invisibles horas y extensas leyendas. Takht-i-Bahi, esquivo, lejano, una queja y un exilio, velos que velan, kasayas que el viento y la lluvia ajan, extremos que tuercen anhelos, y vidas que la yerma tierra cuaja. Monje leve y absorto, en absoluto silencio, extenso en todos los tiempos, trama tendencias o evasiones. En la vasta quietud, entre la vida y la muerte, bajo el alero de Yggdrasil, el leve Monje contempla vislumbres y visiones excelsas: ocre y caoba, exilio o exterminio, y Monjes que anhelan asilo; turquesa y obsidiana, escueta y esbelta figura, eternas tinieblas en la faz infinita, vértice que todo absorbe o tuerce; corindón y cinabrio entrelazados, tul invisible que teje o extiende fractales torcidos e inequívocos Mandalas, trazos que Enoc entiende; copal y tenue amatista, la compleja Existencia que vivifica el Mala (108 cuentas o Revelación 10:8); hematita y crisocola, el ayer y el hoy eternamente atados, voz que sublima y llanto que cuaja; tóxica absenta, tramas y telarañas, horizonte quebrado, flechas en llamas que trazan olvidos o exterminios. Mas el tiempo todo quema o quiebra, y lo eterno a la larga claudica.

Monje leve y absorto, trazo indeleble, tinta invisible, hiel y hojarasca, tul extinto, entre la vida y la muerte, tose una y otra vez. Medita lejano, circunspecto, bajo el alero de una vieja acacia. Mientras la tisis lo marchita, otras tierras y otros tiempos evoca. Memorias que Takht-i-Bahi atrapa y cautiva. Nada la laja obvia u olvida. Ellas se ocultan en las venas de las acacias, en el viento lastimero y en la honda vertiente: equinoccios y solsticios, crónicas y anhelos, velos y valores, ilegibles y abstrusos códigos. Si el alwe avanza o se eleva, solo queda la justa sabiduría, que es Remini(e)scencia, que forja o trama otras venideras y existencias. Muerte en la hora queda, y eterno anhelo bajo las lajas quebradas. Ni la interminable lluvia, ni el brioso viento, podrán borrar o torcer los elevados afanes del Monje encubierto.

India Británica, albores de 1938, envuelto en tinieblas y anhelos, el indomable viajero llega a Takht-i-Bahi, claroscuro silente, laja sobre laja, tortuosas acacias, voz que la luz cuaja y laxas tropas que otras existencias hollan. Huellas invisibles, ecos a trasmano, inquietos y esquivos Iaksas, ocres oquedades, tozudo viento e inviables vertientes. Contempla, quedo, la soledad plena, el vago horizonte, las lejanas aldeas, el lúgubre sotobosque, las quietas calles, las tapias hendidas y las huellas de extintos Monjes. Hebras inquietas, venas y vetas que ocultan una historia, tosca hojarasca e hifas que trazan la silueta de un Monje.

– ¡Remini(e)scencia, volveos cobijo y sustento, y que vuestra justa sabiduría salve las otras tierras!

Medianoche extendida, tétrica vereda, quejidos y quebrantos, tóxico aliento, hiel en la trama esquiva, huestes extraviadas e incansables corvos. Batalla fratricida que tiñe de cinabrio los yertos álamos. Misterio que el viento clama y extravía en 1891.

– No hay Remini(e)scencias, hermano, solamente alwes extraviadas que absorben la vida.

El Fatuo, luz aviesa, holla la extensa llanura, los tiempos extintos y la tierra corrupta. Contempla la totalidad, arrogante y esquivo, y luego tose.

– ¡Despertad, inquietas tinieblas! ¡Volveos inexorable venganza! ¡Sed la Muerte encarnada, lo que Joel 2:2-3 señala!

Sin más deciros, los H.

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