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sábado, 16 de noviembre de 2013

Adviento p. II

Arica – Chile                                                                                                                                                              26/02/12

El faro de Finis Terrae otra tierra vigila y limita. Así la verdad se evidencia y expresa a través de líneas torcidas.

Desierta ciudad, tristeza extrema, vidas rasgadas y una verdad que se extravía en la lejanía.

Avanza, lentamente. Se aproxima la oscuridad. Es tiempo para proseguir o agonizar.

Insta a los menores a avanzar rápidamente, olvidando sus suplicas. No existe tiempo para la tristeza ni lugar para las quejas.

– Hermano mayor, mis zapatos están gastados – se queja el más pequeño –. Tengo sed y hambre. Estamos todos agotados y…

– ¡No hay tiempo para quejas! ¡Avancen!

Es un grupo dispar: son tres varones, cuatro mujeres y un perro gris.

Hermanos sin parentesco, sin religión, sin nacionalidad, sin prejuicios, que anhelan un refugio y algo de alivio.

La oscuridad avanza. Necesitan un refugio. Al extenderse la noche y el silencio, otros las vastas tierras surcan, otros las torcidas tierras recuerdan.

Alza a la más pequeña, y la posa sobre sus hombros. El perro gris ladra, temeroso.

– ¡Avancen, hermanos! Se aproximan los Otros. Apúrense, por favor. Tú, apresúrate. Avanza rápido. Deja tu mochila. Mañana la recogemos.

Ingresan a una maltrecha vivienda. Cierran puertas y ventanas. Se arrodillan. Respiran lento, muy lento. Rezan, y vuelven a rezar.

Rezos que quizá a aquellos Seres extravíen o mengüen.

El perro gris ladra, temeroso. La más pequeña intenta tranquilizarlo. Lo abraza con ternura. Sin embargo, arranca de su lado. Se levanta, rauda, y va a buscarlo.

– ¡No lo hagas! ¡No lo hagas, hermana!

Mas su voz se extravía en aquel sitio.

Y aquellas Sombras tenues ingresan, atraídas por los gritos y ladridos.

La pequeña y el perro gris se paralizan. Él se acerca y los abraza.

– Guarden silencio, por favor.

– Fue un error regresar a este lugar. Es su territorio. Acá viven de sus recuerdos y tristezas.

Una Sombra se extiende y se vuelve algo menos tenue.

– ¿Quién eres? ¿Qué haces en nuestra ciudad? – la Sombra pregunta.

– Aquí vivíamos antes de la guerra. Hemos vuelto por algo de alimento y cobijo.

­– ¡No estás solo! – la Sombra se agita, contrariada.

– Son mis hermanos, y aquel perro gris es nuestro guardián.

– Esta tierra nos les pertenece. Son unos usurpadores. Son tristes almas que vagan extraviadas, anhelando vida, verdad y cobijo.

– ¡Ustedes se han extraviado! ¡Ustedes han invadido nuestro mundo! ¡Ustedes han asolado nuestra vida!

– Han muerto hace mucho, hace milenios. Esta tierra ya no es suya. Entiéndanlo.

La Sombra se alza amenazante. Se vuelve más extensa y menos pacífica.

– ¡Déjennos en paz, almas errantes!

Amanece. Una luz tenue inunda la escena. Tiembla aquella Sombra. Y el perro gris salta y ladra.

Ha vuelto la tranquilidad. Están sanos y salvos, mas extraviados en aquella ciudad gastada.

Las Sombras se olvidan, y queda solamente un vaho gris.

Lejos, entre tierra y horizonte, se alzan siete gastadas losas, que pertenecen a aquellos que murieron en la anterior guerra.

El hombre despierta, temeroso. Medita un rato. Se incorpora, y acaricia a su compañera.

– ¿Otra vez la misma pesadilla? – pregunta la mujer.

– Sí, amor. Otra vez la misma pesadilla. Sí, la misma pesadilla y los mismos niños. Aquellos niños que murieron en la anterior guerra.

­– Ve a un especialista. No es normal lo que te sucede. Has tenido aquella pesadilla por mucho tiempo. Algo marcha mal. Ve a un especialista. Hazme caso, por favor.

– Amor, recuerdo que decía algo como: «Han muerto hace mucho, hace milenios. Esta tierra ya no es suya.»

Un perro gris surca otra tierra y otro Tiempo anhelando a aquellos que ha extraviado.

Lejos, entre tierra y horizonte, los ejércitos marchan, alegres o temerosos, a la guerra.

Lo verdadero no es virtual, ni lo virtual es verdadero. Sin embargo, ¿cuál es la oposición o similitud? Analizad este escrito, y descubriréis la verdad.

Seguid, y esperad lo venidero mientras el Teseracto se rearma.

Sin más deciros, J 25 A.


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